San Pablo tiene claro que la esperanza del cristiano se encuentra en Jesus el Cristo. El es nuestra esperanza (ITim 1,1). El Jesus muerto y sepultado, pero resucitado por el Padre y proclamado como el Cristo (El Mesias, El que ha de venir) llegar a ser el Cristo de la fe y sobre esa fe en la persona de Jesus se basa la esperanza contra toda esperanza del discipulo seducido.
Es la fe del Resucitado que nos abre a la esperanza. "Si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todas las personas, principalmente de los creyentes"(Tim 4,10). La espiritualidad del discipulo se fundamenta en Cristo Resucitado y no en el Jesus crucificado. Es decir, el Crucificado sin el Resucitado no tiene ningun sentido y no ofrece ninguna base para la esperanza. Sin embargo, el Crucificado que fue Resucitado constituye la base de nuestra fe, la razon de ser de nuestra confianza en la Persona de Jesus. Pablo escribe:" Si no resucito Cristo, vana es nuestra predicacion, vana tambien nuestra fe" (I Cor 15,14).
La esperanza del discipulo no se basa en sus esfuerzos, ni en sus meritos, sino en la fidelidad de Dios a si mismo, a su Palabra , a su Promesa: "si somos infieles, El permanece fiel, pues no puede negarse a si mismo" (II Tim 2,13). Y en la carta a los Hebreos se nos invita a "que mantengamos firme la confesion de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa" (Heb 10,23). Dios es nuestra esperanza mediante la fe en su fidelidad a si mismo.
En la fe se nos ha revelado un Dios fiel a si mismo y , a la vez, cercano, porque en el Hijo el mismo Dios ha asumido nuestra condicion humana en su totalidad: "Teniendo pues , tal Sumo Sacerdote, que penetro los cielos - Jesus, el Hijo de Dios - mantengamos firme la fe que profesamos. Pues, tenemos un Sumo Sacerdote, probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquemonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo oportuno" (Heb 4,14-16).
Esta fe alimenta nuestra esperanza, y en la medida que sea autentica produce una profunda alegria. El discipulo que anda siempre triste tiene que cuestionarse su fe porque resulta incomprensible una fe que no encuentra su alegria en la esperanza, en la fidelidad de Dios a su Promesa. Por consiguiente, vale la pena preguntarse si de verdad damos testimonio de una fe alegre en la sociedad en la cual vivimos. ¿Somos testigos del Crucificado o del Resucitado?. La cruz y la resurreccion no constituyen dos momentos cronologicos, primero viene la tristeza y despues llega la alegria, sino dos cara de una misma moneda , ya que el misterio pascual confiesa la gracia de encontrar signos de resurreccion en las mismas situaciones de cruz. Este es nuestra esperanza, nuestra espera contra toda esperanza.
( Tony Mifsud. s.j )