CONSAGRACIÓN PECULIAR A LA TRINIDAD
1. Todos los bautizados participamos de la misma dignidad, formando juntos el Pueblo de Dios, convocado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; estamos llamados a la santidad y a la libertad de los hijos de Dios.
2. Nosotros, los laicos trinitarios, consagrados por nuestra peculiar vocación, a la Trinidad, queremos seguir a Cristo revelador del verdadero nombre de Dios, glorificador del Padre y redentor del hombre.
3. Como laicos, en nuestra propia y peculiar índole secular, nos proponemos, cada vez más conscientemente, vivir la novedad cristiana, por la cual somos hijos en el Hijo, un solo cuerpo en Cristo y templos vivos del Espíritu Santo. Nos comprometemos a testimoniar el espíritu del Evangelio según el carisma trinitario en la Iglesia y en el mundo.
4. La Trinidad redentora es la fuente, el modelo y el fin de nuestra vida al servicio de la liberación y de la redención, en el ámbito cotidiano de nuestras relaciones humanas y de nuestras responsabilidades familiares, sociales y profesionales.
5. Guiados por el Espíritu, tratamos de armonizar los valores del Reino y los del mundo para llegar a la unidad entre fe y vida; descubrimos que no es posible vivir la santidad cristiana sin un compromiso de solidaridad con los pobres y los marginados.
El encuentro con Cristo que sufre en ellos nos hace participar de la redención, en la medida en que contribuimos a la liberación integral del hombre.
6. De esta experiencia de vida Trinitaria-Redentora, vivida según la propia índole secular, fluye nuestra vida fraterna, espiritual y apostólica en el mundo.